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dilluns, 05 juny de 2006 |
Una mujer que participó en la histórica cita feminista de 1976 revisa los logros y plantea retos pendientes
"Valoramos mucho los sentimientos, y la Iglesia ha utilizado el amor romántico para someternos"
MARICEL CHAVARRÍA - LA VANGUARDIA 02/06/2006
Barcelona
Catalunya se plantea qué ha pasado en 30 años de feminismo. Qué rumbo ha tomado desde aquel revolucionario mayo del 76 en el que miles de mujeres se citaron en el paraninfo de la Universitat de Barcelona para asaltar al patriarcado. Había muerto el dictador pero aún se penalizaba el adulterio, no se permitían el divorcio ni el aborto y no era posible trabajar sin permiso del padre o el marido. María Olivares, feminista, ex diputada verde en el Parlament, militante de la Marxa Mundial de les Dones, madre y abuela, asistió a aquel acto. Y, treinta años después, organiza las terceras jornadas que comienzan hoy en las Llars Mundet. Recuerda para La Vanguardia aquella "experiencia revolucionaria" y valora la evolución de esta lucha.
"Acudí con compañeras del partido de izquierdas en el que militaba: fue una puesta en común con universitarias, mujeres más cultas que yo, que cambió mi vida; me reencontré con las enseñanzas de mi padre que en los 50 me advertía: ´Ojo, no te dejes avasallar, las mujeres estáis tan represaliadas como los negros en este mundo´". La experiencia de juventud de Olivares - que ha cumplido ya los 70- podría calificarse en aquellos tiempos de lujosa: su padre era un trabajador informado.
Pero el concilio Vaticano borró muchas de esas ideas. "Los grandes popes de la Iglesia y su educación en el amor y dedicación al marido y los hijos nos hicieron retroceder, como ocurre ahora en Polonia, por ejemplo. Las mujeres valoramos mucho los sentimientos y la Iglesia ha utilizado el amor romántico para someternos; incluso las que no se sienten vinculadas a ella han recibido esta influencia: yo misma quise casarme en un altar a pesar de militar junto con mi novio en las izquierdas", añade. "Si ahora no se valora tanto la familia y el amor romántico es por la ruptura de las mujeres en busca de libertad, aunque es cierto que el amor las sigue condicionando mucho en su juventud".
Una de las grandes reivindicacines de 1976 fue, recuerda Olivares, salir de la cocina: "No queríamos ser esclavas del hogar como nuestras madres; ahora hemos reflexionado y vemos que sí, que queremos cuidar la casa y no vivir de restaurantes y cosas artificiales. Pero ése ha de ser un asunto compartido. Y esto debe hacerse extensivo a toda la sociedad. Valores vitales como el ocio, las relaciones... deben ponerse en el centro de todo, y no el progreso mercantilista y el poder".
Sus preciosas canas y el pin de "No oblidem" (con relación al "No a la guerra" de Iraq) que lleva en la solapa hablan por sí solos. "¿Por qué no adaptamos nuestro trabajo a la vida y no al revés?", se pregunta. Si hoy existe un feminismo que apuesta por que las mujeres estén en los puestos de poder y decisión para que las cosas cambien y otro que no quiere alcanzar el poder, sino imbuir a la sociedad de la necesidad de un replanteamiento, Olivares admite que el primero no le entusiasma. "He sido parlamentaria cuatro años y he visto como funciona la política: es difícil cambiar las cosas. Si al menos las que llegan a puestos de decisión estuvieran concienciadas..., pero muchas llegan ahí porque se desprenden del hecho de ser mujeres, y ésas no me interesan. Prefiero la militancia social y el trabajar para recordar que no queremos que nuestros mayores acaben sus días en una residencia ni que los pequeños tengan muchas actividades extraescolares porque no podemos dedicarles más tiempo. Si esto lo asumiera toda la sociedad, como hizo con la guerra de Iraq, habría que ver: las políticas de igualdad están muy bien pero no son suficiente, hay que cambiar mentalidades".
De las jornadas de este fin de semana desea sacar en claro qué opinan las más jóvenes: "Veo que claudican mucho ante el macho, van a agradar, a conquistar y, lo que es peor, a conservar. Superan actitudes machistas para no perder a la pareja. Aún hoy, ellos no quieren usar condón y son ellas quienes deben tomar pastillas... ¡Que todavía estemos así! ¿Qué hemos hecho mal?" |
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