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Nubes (de muerte) sobre Palestina PDF Imprimir Trametre a un amic
dilluns, 15 gener de 2007

La Haganah judía llenó camiones con personas aterrorizadas: el pánico se apoderó de los palestinos. Tenía un objetivo preciso: la expulsión en masa de los árabes palestinos y la ocupación del mayor territorio posible. Así, en ese año de la Nakba, de la catástrofe, se calcula que —según declaró el noruego Trygve Lie, entonces secretario general de la ONU— la cifra de refugiados palestinos ascendía a 940.000 personas, dispersas por Oriente Medio. Todas sus propiedades fueron robadas por el nuevo Estado de Israel. La resolución 194 de la ONU, aprobada en diciembre de 1948, establecía que Israel debía permitir el regreso de los refugiados y devolverles sus tierras o pagar compensaciones, pero el gobierno israelí nunca la aceptó, y, aunque sigue ratificándose anualmente en el rascacielos de Nueva York, Tel-Aviv no tiene la menor intención de cumplirla.

El ataque de cinco países árabes (Egipto, Jordania, Siria, Iraq y Libia) débiles y mal armados, no pudo impedir que Israel se anexionase, en 1948, la cuarta parte del territorio que la ONU otorgaba al Estado palestino. En ese momento del desastre palestino, Israel controlaba ya el setenta y ocho por ciento de la Palestina histórica del mandato británico de la Sociedad de Naciones. Fue una victoria sionista, que parece hoy consolidada. Desde entonces, en un feroz ejercicio de hipocresía, Israel sigue manteniendo que los palestinos abandonaron sus casas, sus tierras, sus ciudades, siguiendo los llamamientos por radio realizados por los gobiernos árabes vecinos. Sin embargo, de acuerdo con las rigurosas investigaciones realizadas, no hay indicios de ninguna iniciativa semejante: esos supuestos llamamientos son, simplemente, mentira.

Pero la agresiva política de expansión sionista no terminó entonces. En octubre de 1956, Israel atacó a Egipto, en el momento de la intervención británica y francesa para impedir la nacionalización del canal de Suez. Su objetivo era la expansión territorial. En la guerra de los seis días, Israel invadió de nuevo la península del Sinaí (Egipto), y Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán sirios. Si en 1948, Israel se había apoderado de la cuarta parte del Estado palestino dibujado por la ONU, casi veinte años después ocupó el resto. Hasta hoy: solamente Gaza ha sido evacuada. “No estamos ocupando territorios”, afirma el sionismo, aunque haga ya cuarenta años, desde 1967, que Israel ocupa las tierras palestinas. El mundo sabe que Israel debe cumplir la resolución 242 de las Naciones Unidas y retirarse de los territorios ocupados, pero los israelíes, seguros de la protección norteamericana y de la impotencia europea, en una constante fuga hacia delante, siguen manteniendo la ocupación militar sobre Palestina.



La eficaz propaganda israelí en el mundo —que utiliza el recuerdo del holocausto, acaparando de manera abusiva el recuerdo de las víctimas del nazismo, que no son exclusivamente judías— ha pretendido siempre ocultar el expolio al que Israel ha sometido al pueblo palestino. El despojo palestino culminó con las increíbles “leyes de propiedad de dueños ausentes”, aprobadas por el Parlamento israelí, en virtud de las cuales se vendían y otorgaban las propiedades de todos los palestinos que se encontraban “ausentes” en el momento de la proclamación del Estado de Israel, ¡aunque hubieran sido expulsados por las armas! Porque desde 1948, la frenética carrera de mentiras del sionismo no se ha detenido.



 
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