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Pàgina 5 de 5 El futuro próximo no se presenta mejor, porque Israel ha roto todos los diques que contenían el odio. Pero, al margen de lo que haga su gobierno, los ciudadanos israelíes no pueden seguir ignorando que su ejército comete crímenes de guerra. No sería justo equiparar los crímenes nazis, excepcionales en su monstruosidad, con los de Israel, pero los israelíes no pueden cerrar los ojos ante el feroz acoso que su país está llevando a cabo contra los palestinos: no pueden seguir emulando a los ciudadanos alemanes que alegaban ignorar la existencia de los campos de exterminio y los crímenes del nazismo, porque los israelíes saben a qué siniestro infierno han condenado a vivir a los palestinos de Gaza y Cisjordania. Porque la política del gobierno de Tel-Aviv, cabalgando sobre la escalofriante indiferencia de una gran parte de la población israelí ante el sufrimiento palestino, se reduce hoy a la imposición del terror, con muros, cárceles (miles de palestinos están en las prisiones israelíes), asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, bombardeos, destrucción de viviendas, escuelas, dispensarios médicos y centrales eléctricas, así como de infraestructuras y campos de cultivo, robo de propiedades (miles de campesinos han sido desposeídos de sus tierras en el río Jordán) e impuestos, y el sabotaje de la economía palestina. Un reciente informe de la UNRWA (la agencia de la ONU que se ocupa de los refugiados palestinos) ha revelado que el asfixiante bloqueo de Gaza y Cisjordania ha llevado a que el sesenta y cinco por ciento de los palestinos estén bajo el nivel de pobreza extrema. Junto a ello, continua la construcción de nuevos asentamientos de colonos israelíes, condenados por todos los países y contrarios al derecho internacional. Las cuestiones clave para empezar a resolver esa dramática situación continúan siendo sencillas: un Estado palestino viable y el retorno de los refugiados. Sin embargo, Israel no está dispuesto a aceptar esa solución, aún sabiendo que incluso los sectores palestinos más radicales, como Hamás, no ponen hoy énfasis en la cuestión de los refugiados (y se equivocan), y pueden acabar cometiendo serios errores como en Oslo. Israel no acepta ni la olvidada Hoja de ruta, ni cualquier otro proyecto que tenga como objetivo la creación de un Estado palestino viable, sobre las fronteras de 1967. La reciente firma de una tregua en Gaza y la promesa hecha por Olmert a Mahmud Abbas de abandonar algunos territorios ocupados y desmantelar asentamientos israelíes a cambio de la paz y de la renuncia palestina al retorno de los refugiados, no supone un cambio en la situación, porque todo indica que, de nuevo, Israel ofrece algunas vagas promesas a cambio de nuevas concesiones palestinas, como ocurrió en Oslo: pese a las presiones internacionales que tendrán que soportar, Abbas, Haniya y la ANP saben que renunciar hoy al retorno de los refugiados y mañana a Jerusalén, para acabar recibiendo unos retazos de la tierra palestina insuficientes para sustentar un Estado, no supone una solución real para un conflicto que dura ya demasiado. Mientras Israel no muestre intención real de aceptar un Estado palestino viable y renuncie a la ocupación, cumpliendo las resoluciones de la ONU, el proyecto de Olmert continuará siendo un acabado programa de terrorismo de Estado, que continúa la estela de los anteriores gobiernos israelíes, y su ejército seguirá eliminando las milicias de la resistencia palestina a través de asesinatos selectivos (opción que han mantenido todos los gobiernos israelíes desde la guerra de los seis días, organizando el asesinato sistemático de palestinos con sus eficaces escuadrones de la muerte) y sembrando el terror entre la población civil con escalofriantes matanzas, como en Qana o Beit Hanun, para que el pueblo palestino se resigne a la derrota e inicie el éxodo, abandonando su tierra, como en 1948. Para ello, Israel está robando tiempo, añadiendo nuevas disputas y exigencias, como la recogida en la propuesta de Olmert, estimulando el caos en Gaza y Cisjordania, complicando hasta el infinito la solución del conflicto y la reparación del insostenible despojo palestino. El espejismo de un Gran Israel ha fracasado y está muerto, pero sus partidarios todavía acarician la esperanza de que el mundo olvide el drama palestino o, al menos, se resigne a considerarlo una cuestión irresoluble, e impulsan vientos de guerra en Oriente Medio que pueden alcanzar a Siria, Líbano e Irán, mientras mantienen una feroz política de hostigamiento y matanzas sobre Gaza y Cisjordania para que lleve al corazón palestino el frío de la muerte y la convicción de la derrota.
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