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Las "necesidades fisiológicas" innecesarias PDF Imprimir Trametre a un amic
dilluns, 02 juliol de 2007

Julián Fernández de Quero

El día 22 de Junio pasado, se celebró en El Ateneo de Madrid, el acto público de presentación de la Asociación de Hombres Abolicionistas de la Prostitución, con excelente presencia de público y  una buena acogida mediática. Como suele ser habitual en estos actos que giran en torno al tema de la prostitución, en el debate volvió a surgir el tópico argumento de las “necesidades fisiológicas”  que acucian a los varones y que les impulsa a convertirse en usuarios de la misma, es decir, en  “varones prostituyentes”.  Así  que se hace necesario que expongamos, de forma clara y rotunda,  la falsedad de este prejuicio  y  su  nula validez como justificación de una conducta  que es, en realidad,  un acto de violencia de género hacia las personas prostituídas.  

A partir de la pubertad (entre los doce y catorce años),  los niños  se convierten en adolescentes  mediante  una serie de cambios físicos, psíquicos y sociales. Uno de esos cambios consiste en la puesta en funcionamiento de su capacidad reproductora,  dejando atrás la estéril infancia e iniciando una senda de fertilidad que le permitirá decidir voluntariamente, cuando sea adulto,si forma una familia o no.  A nivel fisiológico, estos cambios implican la puesta en marcha de la espermiogénesis o producción de espermios en los testículos que en los machos humanos, a diferencia de otras especies animales, se convierte en una función permanente  durante el resto de su vida.  ¿Cómo se deshace el organismo del esperma constante producido por él mismo?  Pues por medio de una de estas tres vías: 
  1. Por reabsorción  interna que el propio organismo realiza de parte del semen.
  2. Por expulsión involuntaria hacia el exterior  mediante “poluciones nocturnas”  que generalmente ocurren durante el sueño.
  3. Por expulsión voluntaria hacia el exterior que se puede llevar a cabo en solitario,  masturbándose, o compartiendo con otras personas  las prácticas estimuladoras que llevan a la eyaculación y que pueden ser muy variadas: Coito vaginal o anal, pseudocoito,  heteromasturbación,  felación,  frotamiento con otras partes del cuerpo, estimulación mediante el uso de prótesis y juguetes eróticos.
 

En los últimos dos siglos de desarrollo de las ciencias sexológicas y reproductivas  NO EXISTE  NI UN SOLO ESTUDIO O INVESTIGACIÓN  DE SOLVENCIA CONTRASTADA QUE DEMUESTRE  QUE LA  AUSENCIA  PROLONGADA  EN EL TIEMPO  DE REALIZACIÓN DEL COITO VAGINAL  CON DESCARGA SEMINAL  SEA UNA CAUSA DETERMINANTE DE TRASTORNOS MENTALES O ENFERMEDADES FÍSICAS DE NINGUN TIPO. Son cientos de miles de estudios e investigaciones realizadas hasta el momento,  que nos permiten tener un conocimiento profundo, tanto de la función reproductiva como de la función sexual,  de la variedad de comportamientos sexuales según  las  diferentes culturas y sociedades humanas,  de la separación entre función reproductiva y función sexual,  de los procesos de construcción cultural de la sexualidad humana que por ello, es históricamente cambiante, políticamente manipulable  hasta convertirse en un instrumento del poder.  Sobre todo, a nivel biológico, poco queda ya por saber  salvo en el terreno de la genética y del funcionamiento cerebral. Sin embargo, las famosas “necesidades fisiológicas”  que  impulsan a ciertos hombres  a buscar desesperadamente una vagina de mujer en la que realizar la descarga seminal acompañada de orgasmo, aunque sea pagando por ello, no ha sido motivo de preocupación por parte de la comunidad científica ni le ha hecho perder ni  un minuto de su tiempo a ningún investigador, algo, cuando menos sorprendente, si tenemos en cuenta que sería un tema que afecta a un colectivo numerosos de sujetos.  La conclusión es evidente: LA  NECESIDAD FISIOLOGICA DE DESCARGA SEMINAL  SE PUEDE LLEVAR A CABO DE MUCHAS MANERAS ,  SIN QUE EL  COITO VAGINAL  SEA UNA CONDICIÓN INDISPENSABLE Y DETERMINANTE.  Cualquier hombre que siente dicha necesidad  puede masturbarse todas las veces diarias que quiera para satisfacerla y no necesita recurrir a la prostitución. 

Desde otro enfoque más evolutivo y menos fisiológico,  la especie humana se ha caracterizado por generar un proceso de liberación de la dependencia biológica de la rutina de los instintos y de las respuestas reflejas,  construyéndose a sí misma mediante inventos que han modificado no solo a la naturaleza en general sino su propio cuerpo (como es el caso de los deportistas con el entrenamiento). En relación a la sexualidad, José Antonio Marina, en su libro “El rompecabezas de la sexualidad”, lo dice mejor que nadie: “La sexualidad es una construcción simbólica inventada por la inteligencia creadora a partir de un hecho biológico, el sexo”.  O sea, que tenemos un nivel biológico que es el sexo y tenemos otro nivel cultural y social que es la sexualidad. Cuando los varones prostituyentes intentan justificar sus actos de género con el argumento de las “necesidades fisiológicas”  sitúan su discurso al nivel primario y animal de los instintos. Vienen a decir que son machos obsesionados por copular con una hembra en tres minutos para obtener una eyaculación  placentera de descarga que dura 4,8 segundos en el mejor de los casos.  Aplicando el mismo argumento, estos varones podrían satisfacer la necesidad fisiológica del hambre,  masticando e ingiriendo la comida en  diez minutos, la necesidad fisiológica de la sed bebiendo un litro de agua en dos minutos (con los correspondientes descansos para respirar), la necesidad fisiológica de protegerse del frío, cubriéndose con un paño con un agujero en el centro para introducir la cabeza y atándolo a su cintura con un cordel. Estamos en un nivel de animalidad instintiva y refleja, en el que la cultura poco o nada interviene para cubrir las necesidades primarias. 

Sin embargo, a las alturas del siglo XXI,  es evidente que las personas no hacemos las cosas sólo y exclusivamente por las “necesidades fisiológicas”. No comemos por satisfacer el hambre sino que durante dos horas relajadas masticamos despacio los alimentos, saboreándolos, distinguiendo los diversos matices de la preparación con la que han sido condimentados,  inventando el arte de la gastronomía.  Nos pasamos horas libando diversos licores, no por la sed que podamos tener, sino por el placer de saborearlos, inventando la enología.  No nos vestimos con el único fin de protegernos de las inclemencias del clima, sino que dedicamos una floreciente industria de la moda indumentaria para sentir el placer intelectual de combinar texturas, colores y diseños. Pues bien, con la sexualidad humana hacemos lo mismo.  Los varones  y las mujeres del siglo XXI  no vamos a copular compulsivamente para obtener una descarga orgásmica de segundos, sino que compartimos horas  para  gozar la sinfonía de caricias, besos, abrazos, fantasías,  que son la expresión de nuestros sentimientos erotizados o de nuestro erotismo sentimentalizado. El ya citado José Antonio Marina,  lo expresa así: “A lo que más se parece la sexualidad creadora es a una conversación, porque supera la soledad por un diálogo entre dos o más. LA SENTIMENTALIZACIÓN DEL SEXO ES UN FORMIDABLE  INVENTO QUE  DEBEMOS  A  LAS  MUJERES.” 

Sabiendo  lo que ya sabemos,  ¿dónde quedan  las  manidas “necesidades fisiológicas”  de los varones prostituyentes? En un argumento falaz e innecesario. Lo que les cuesta es admitir  la verdad: Que son marionetas de una socialización de género que, desde la infancia les ha lavado el cerebro  para  visualizar a las mujeres como objetos sexuales a su servicio y disposición. Que les contaron y se lo han creído, que las mujeres son propiedad de los hombres,  que ellos pueden disponer de ellas por las buenas o por las malas,  usando el poder del dinero en la prostitución o el poder de la fuerza bruta en la violación, formas que se suelen mezclar demasiado habitualmente, como se sabe por confesiones de las mujeres prostituídas. Lo que no terminan de entender  (porque si lo entendieran, dejarían de acudir a la prostitución) es que en la medida en que sitúan a la mujer como objeto y no como sujeto,  la relación se convierte en algo mecánico y rutinario, sin sentimientos, cuando en realidad lo que están buscando es una relación sentimental,  tal como lo expresan en los estudios que se han realizado con usuarios de la prostitución.  En dichos estudios, los varones prostituyentes se quejan de que las mujeres prostituidas no sean más simpáticas, más cariñosas y afectivas.  En el fondo, lo que  desean es tener una relación sexual  “que se parezca a una conversación para superar la soledad por el diálogo”  pero eso sólo es posible cuando la relación se da entre dos o más sujetos, en igualdad de condiciones.  ¿Se imaginan quejándose de su  coche  porque no es más simpático y afectivo?.  El día en que los varones prostituyentes tomen conciencia del ridículo que hacen comprando sexo cuando buscan afecto y  se liberen de los prejuicios de una cultura machista que les induce a realizar actos de violencia de género contra las mujeres,  habrán dado el gran paso de convertirse en personas capaces de gozar de las relaciones sexuales como si se tratara  de una conversación entre iguales, compartiendo el placer y los sentimientos de manera graciable y voluntaria.  Ese día dejaran de comportarse como animales y  se convertirán en seres humanos.