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Javier Parra - www.larepublica.es 13 de julio. Increíble, bochornoso, indignante, asqueroso. No sabría como calificar el espectáculo del Secretario General de CCOO, José María Fidalgo, alineándose con las tesis neoliberales y ultra conservadoras de FAES mientras el diario de Jiménez Losantos le aplaude, llamándole valiente y "exponente de un sindicalismo avanzado que está modernizando CCOO".
Los sindicatos mayoritarios de nuestro país no sólo están llenos de burócratas, sino de personajes como José María Fidalgo, si no, sería imposible que alguien así fuese Secretario General de la misma organización a la que pertenece y que una vez fundó Marcelino Camacho. Difícil arreglo tiene CCOO, a pesar de tantos y tantos ejemplares sindicalistas que se parten la cara y el alma dentro de una organización que hace años que perdió el norte. Ya que actualmente nos encontramos en pleno debate sobre la reconstrucción de la izquierda política no estaría mal que se empezase a plantear un debate sobre la reconstrucción del propio sindicalismo. Un sindicalismo en el que sus líderes no traicionen a los trabajadores a cambio de prebendas, limpio de burócratas que difícilmente sabrían hacer otra cosa que parasitar como sanguijuelas en las organizaciones. No generalizo, pero el cáncer está muy extendido. Por eso, el modelo sindical en este país deberá cambiar, para que un día, casi sin darnos cuenta, la apuesta sindical del "Fidalgo" de turno, no sea algo parecido al retorno al "esclavismo" para que los trabajadores tengan asegurado el pan y el techo mientras trabajan para su amo, quien, por qué no, quizá tenga derecho de pernada. Y más ahora que CCOO apuesta por legalizar la prostitución (será curioso ver al Secretario General firmando un convenio con los proxenetas). Como digo, al tiempo que se debate sobre la reconstrucción de la izquierda política, habría que valorar la posibilidad de impulsar la creación de una nueva organización que fuese la apuesta sindical de la izquierda real y transformadora. Un sindicato que no recibiese nunca ni un céntimo de las arcas del Estado, que no estuviera vendido - o mejor dicho comprado - ante cualquier negociación, que se financiase principalmente con las cuotas de los afiliados, sin subvenciones, que dispusiesen de una bolsa de resistencia para las huelgas, que no nos abochornasen, en los que los trabajadores volviesen a confiar. Estoy seguro que existen muchos "Marcelinos" que actualmente se parten la cara por nosotros - quizá incluso en esos sindicatos parasitados por burócratas -, que podrían impulsarlo. |