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Carta de Manolo Monereo PDF Imprimir Trametre a un amic
dimecres, 13 agost de 2008

CARTA A ENRIQUE SANTIAGO

¿Realmente estamos por refundar Izquierda Unida?

Querido compañero y amigo:

Quisiera compartir contigo algunas preocupaciones sobre el próximo futuro de Izquierda Unida y la estrategia que estamos siguiendo.

Hay que decirlo con claridad: las estupideces se incrementan y las cacicadas continúan como en los mejores tiempos de la mayoría gasparista. No hay exageración. El último Consejo Federal de Izquierda Unida decidió por una escasa mayoría, que lo documentos presentados no se votaran (es decir, se votó para que no se votara). Las razones, muy simples: la antigua mayoría de Gaspar Llamazares se puso de acuerdo para que no se viera su debilidad relativa y que el documento de la Plataforma de Izquierdas no apareciese como lo que es, la minoría mayoritaria al menos.

Como sabes, hace pocos días se reunió la Presidencia Federal de IU. Inenarrable. El objetivo real,  cuadrar los censos y repartirse el nº de delegados para la próxima Asamblea Federal. Como los censos no son verdaderos y era necesario hacerlos presentables, era preciso un pacto capaz de convertirlos en legales. Todos sabemos que los censos de las grandes federaciones (especialmente Madrid y Andalucía) dependen no del nº de afiliados reales, sino de la capacidad económica de los responsables de finanzas. Para que las cosas encajaran era necesario un pacto entre, al menos, Andalucía y Madrid, es decir, un acuerdo entre la llamada “tercera vía” (Angel Pérez y una parte fundamental de la plataforma de izquierdas en la que está el PCE). Obviamente, tal mayoría se obtuvo. Por si fuera poco, la llamada “tercera vía” presentó un documento para intentar salir de la locura de una Asamblea Federal a la que se llegará con tres documentos y que ninguno de ellos es el oficial. Se aprobó una fórmula que no arregla nada y lo confunde todo y que lo único que pretende es forzar un acuerdo entre cúpulas en torno a un documento “descafeinado” lampedusiano: cambiar el orden de las piezas para que los jugadores sean los mismos. 

Y es que las cosas están, más o menos, como estaban y sería ingenuo cerrar los ojos ante las múltiples evidencias. Hay, al menos, dos dinámicas transversales en la débil organización que es hoy IU. De un lado, la fuerza de unos aparatos regionales que, en un desierto organizativo, tienen recursos (humanos, materiales y económicos) para imponer sus decisiones. De otro lado, el convencimiento, también transversal, de una parte significativa del activo de IU de que esta está agotada en su actual formato y que hay que ir hacia la refundación. Se ha dicho, y es bueno repetirlo, refundación republicana, federal y socialista. El debate real continúa y, hoy por hoy, no se sabe muy bien cual de los contendientes va a terminar por hegemonizar el proceso.

Como queda dicho, el asunto está en los poderes y estos tienden a reproducirse. Puede parecer extraño y hasta anacrónico, pero una dinámica así establecida pugna por controlar el proceso de una formación política casi extraparlamentaria y con un 3 o 4% de techo electoral. El asunto estaba planteado desde hace mucho tiempo: era lo que se llamó o se llama “pacto entre federaciones”. Lo planteó claramente hace meses el “boss” de Madrid, Angel Pérez, con el sentido común que siempre se le adjudica y con su conocida capacidad para decir lo que piensa; lo que ocurre es que no siempre se le escucha y, las más de las veces se tiende a olvidar lo que todos sabemos que piensa. La cuestión se puede explicar, resumidamente, en lo que sigue: Gaspar Llamazares y su equipo (aunque no siempre se sepa cual es y las veces que Pérez está dentro o fuera del mismo) han llevado de Izquierda Unida a una crisis grave y es necesario un acuerdo entre las grandes federaciones, es decir, los que mandan, para encontrar una salida. Esta también se verbaliza para quien quiera escucharla, lo que podríamos llamar el Partido Socialdemócrata Español (PSDE). Las tres palabras expresan conceptos definidos que se explican y se aplican, sobre todo, en la Federación de Madrid.

Primero partido, poner fin a eso del movimiento político y social y, sobre todo, negar cualquier tentación de asambleismo. Lo fundamental es una organización articulada en torno al aparato institucional y de funcionarios, jerarquizada y con una definición precisa de los poderes de la dirección. El otro aspecto es también clave: el partido esta para actuar en las elecciones y para obtener el máximo de cargos públicos. Todo lo demás es secundario.

En sendo lugar, socialdemócrata. Como el PSOE se ha ido a la derecha, hay un espacio a su izquierda que hay que rellenar. Estos espacios no se crean o se construyen, sino que existen y hay que apoderarse de ellos, siempre teniendo en cuenta las opiniones mayoritarias de la clase obrera, sobre todo la organizada en torno a los sindicatos. Lo fundamental es dejar atrás el “extremismo”. Todo lo que choque con la cultura mayoritaria de esa clase obrera que se pretende representar, debe ser dejado a un lado. Y si, por ejemplo, está en peligro la oferta de energía que necesita España y los españoles (pero sobre todo los trabajadores), mantienen que hay que dejarse de tonterías y optar por la energía nuclear. Se podría seguir. Una alianza roja, verde y violeta, en serio, desde una lógica anticapitalista, nos condenaría, según ellos, al aislamiento social y nos impediría llegar a acuerdos con nuestro hermano mayor, el PSOE y, por lo tanto, realismo y atenerse a lo que piensan lo trabajadores.

En tercer lugar, español. La lógica es similar a lo dicho anteriormente. Atenerse a la realidad tal como está y romper con el extremismo. Esto significa, al menos, dos cosas: una, asumir el carácter central de las Constitución Monárquica del 78 y oponerse a cualquier aventura de reformas en un sentido republicano. La otra, prestar mucha atención a la unidad de España y poner límites al federalismo que pueda implicar le ejercicio del derecho a la autodeterminación.

Como la vida enseña, estos principios, son pocos pero se aplican con mucha flexibilidad. Pues bien, esta es la centralidad que se pretende construir en IU y que expresa a la perfección, con pequeñas contradicciones, la llamada “tercera vía” y que aspira a ser el centro geográfico de la propia organización. Ciertamente, como todos sabemos, el papel lo aguanta todo y se pueden defender estas u otras políticas confundiendo al personal y esperando que las lógicas de los poderes dominantes, externos e internos, se vayan imponiendo. También hay que decir que este proceso estaba muy avanzado, pero que ha sido frenado y desviado, al menos, por dos tomas de posición políticas: la tuya y, sobre todo, la de Julio Anguita.

Esto es también un consenso muy general entre diversas corrientes: poner fin definitivamente a la IU de Julio Anguita. Como el personaje sigue teniendo un respaldo sobresaliente entre los afiliados de IU y, sobre todo, en el PCE, se evita el choque frontal y se intenta impedir sus consecuencias. En esto tampoco podemos engañar ni engañarnos. Lo que se rechaza realmente de Anguita no es tal o cual política concreta, casi siempre distorsionada o abusivamente simplificada, sino su aportación real a la izquierda española, no aceptar el liderazgo del PSOE y enfrentarse a la trama de poderes económicos, políticos y mediáticos surgidos de la llamada transición a la democracia. Este fue siempre el verdadero problema y, todo lo demás, es ganas de confundir. Como no me he cansado de repetir, el bipartidismo fue y es un modo de organizar el poder para que no se cuestionaran los fundamentos de los poderes reales, es decir, de la plutocracia que nos gobierna.

Por esto, el problema central, repito, que transversalmente vivimos en IU es bien simple: cambiar para que todo, con los retoques suficiente, siga igual o abrir un proceso instituyente que busque una nueva convergencia político social de la izquierda transformadora en un proceso de refundación de la izquierda alternativa. Lo que está en cuestión, y me temo que lo seguirá estando hasta días antes de la próxima Asamblea Federal, es si esta va a ser la apertura a una nueva situación en la izquierda o el cierre en torno a los menguados poderes de una federaciones que conservan el residuo de una época que no volverá si no cambia realmente IU y todos y cada uno de nosotros.

La suspensión temporal de la Fiesta del PCE es una mala noticia y pone de manifiesto, como todos sabíamos, que la crisis de Izquierda Unida es también la crisis del Partido Comunista. Ambas organizaciones están imbricadas y lo que ocurre en una afecta a la otra y viceversa. Las razones que se dan para esta suspensión parecen serias y evidencian una crisis orgánica del Partido.

La primera reflexión que hago es que las crisis de IU han sido previamente crisis en el PCE. El caso de la llamada Nueva Izquierda es bien conocido. Pero no hay que irse tan lejos. Las tres áreas que hoy coexisten explícitamente en IU están dirigidas por conocidos militantes del PCE.

Una segunda reflexión que cabría hacer es que los consabidos llamamientos verbales a la defensa del Partido, son perfectamente compatibles con su real decadencia. Los que se abrazan a nuestras banderas rojas marcadas por la hoz y el martillo, en la práctica no hacen mucho para evitar la disolución del mismo, eso si, atacando con fiereza a todos los demás en nombre de una idealidad que ellos degradan hasta unos límites que producen vergüenza ajena.

Y es que el problema real no está entre los que dicen defender al Partido y los que están por su disolución. Solo una parte muy pequeña ha estado abierta (y hay que decir que honestamente) por la disolución del PCE. El problema real está entre los que convierten al Partido en un “lobby” o grupo de presión para repartirse  el poder existente en IU y los que seguimos pensando en la necesidad de una organización de los comunistas, parte de Izquierda Unida y con un trabajo en la sociedad complementario y convergente con nuestro movimiento político y social.

En esto, como en otras muchas cosas, arrastramos una cultura política que evita los debates reales y los somete a descalificaciones previas que ocultan algo esencial: los poderes y su perpetuación. ¿Cómo hacer un debate que no esté marcado por intereses, la mayoría de las veces inconfesables?

Los problemas siguen abiertos y corren el peligro, de nuevo, de enfocarse mal y conducirnos a callejones sin salida que, en estos momentos, pueden significar la extinción de toda una cultura política rebelde, anticapitalista y con voluntad socialista.

Tuyo Manolo Monereo 

 
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