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La respuesta rusa a la estrategia de dominación de EEUU en el cáucaso PDF Imprimir Trametre a un amic
dissabte, 23 agost de 2008

Miguel Urbano Rodrigues

Una gigantesca campaña de desinformación ha sido montada con el objetivo de imponer a la opinión publica mundial una versión falsa de los acontecimientos del Cáucaso.

La agresora, Georgia, es transformada en víctima y a Rusia se la criminaliza y amenaza por haber intervenido en defensa de Osetia del Sur. Los hechos que están en el origen de la crisis no pueden, sin embargo, ser ocultados por la tergiversación de la historia.

El 7 de Agosto el ejército de Georgia invadió Osetia del Sur y cometió allí, como por ejemplo en el bombardeo de Tskinvalli, la capital de la pequeña república autónoma, actos de barbarie que provocaron centenares de muertos y el éxodo de decenas de miles de vecinos.

Soldados y oficiales rusos de la fuerza de estabilización internacional, presente en el territorio con el aval de la OSCE, fueron abatidos durante la agresión.

El gobierno de Moscú respondió a la demanda de ayuda del gobierno de Osetia del Sur enviando fuerzas militares para expulsar los invasores. Esas tropas, durante la operación, penetraron en territorio de Georgia y se mantuvieron allí para acelerar las negociaciones tendentes a garantizar una paz real en la región. Las ambigüedades contenidas en el texto del Acuerdo firmado permitieron actitudes desafiantes del presidente de Georgia Saakashvili que motivaron algún retraso en la retirada del contingente ruso.

La campaña antirrusa de inversión de la historia prosiguió mientras tanto, agravada por la participación del presidente Bush, de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, de la canciller alemana Ángela Merkel y de otros dirigentes de la Unión Europea.

Los viajes a Tbilisi de Condoleeza Rice y Angela Merkel, su ostentoso apoyo al gobierno de Saakashvili, y la renovación de las promesas de integración de Georgia en la OTAN justifican el temor de que los EE.UU., con el apoyo de la Unión Europea, utilicen la crisis del Cáucaso, en el marco de su estrategia en Oriente Médio, para una confrontación con Rusia. No es una casualidad que los grandes media estadounidenses agiten de nuevo las banderas de la guerra fría.

El presidente Bush echó leña en el fuego al usar un lenguaje agresivo e intimidatorio cuando relacionó su «exigencia» de inmediata retirada de las tropas rusas con la declaración de que Washington considera Osetia del Sur parte inalienable del territorio georgiano. Un viraje de 180 grados respecto al discurso de defensa de la independencia de Kosovo.

Es improbable que el ocupante de la Casa Blanca, cuya cultura histórica y geográfica es muy pobre, sepa que el idioma más hablado hoy por los osetios del sur es el ruso y que la pequeña república decidió proclamarse independiente en l992 –opción confirmada por el referendo de 2006– declarando nula su integración en Georgia. Recuerdo que Osetia del Sur, en época de Stalin, fue separada de su hermana Osetia del Norte mediante una simple decisión administrativa. Las consecuencias de la medida fueron entonces políticamente mínimas –tal como la integracion de Abjasia en Georgia– porque esos pueblos caucásicos eran parte del gran cuerpo de la Unioón Soviética.

Sin embargo, desaparecida esta, osetios del sur y abjazios, después de la independencia de Georgia, han expresado inmediatamente su deseo de poner termino a la relación de dependencia que les había sido impuesta.

La opción de ambos por la independencia surgió como prólogo de una futura integración en Rusia, deseada por la gran mayoría de la población. Tbilisi respondió con medidas represivas permanentes que culminaron ahora con la brutal invasión de Osetia del Sur.

Significativamente, en plena crisis caucásica, Polonia ha firmado el acuerdo relativo a la instalación de misiles de los EE.UU. en su territorio (el llamado «escudo antimisiles»), gesto que  motivó una inmediata y firme protesta del presidente Dmitri Medvedev, quien lo calificó de grave amenaza para la seguridad de Rusia. Ello fue tan evidente que los grandes diarios estadounidenses subrayaron que se trataba de una extraña coincidencia de fechas.

Es difícil por ahora evaluar el nivel de complicidad de los EE.UU. en la agresión de Georgia a Osetia del Sur. El Consejo Portugués para la Paz y la Cooperación llamó la atención en un oportuno comunicado (odiario.info, 16.08.2008) acerca de los compromisos asumidos por Tbilisi en los acuerdos que han precedido la construcción del oleoducto que comunica Bakú, en Azerbaiyán, con el puerto turco de Ceyhan. Esa obra, el BTV, que atraviesa Georgia, fue hecha por un grupo de transnacionales petroleras bajo la dirección de la British Petroleum-BP, principal accionista.

Es útil recordar que el proyecto fue concebido durante la Administración Clinton y aprobado por el ex-presidente. Los gigantes petroleros firmaron entonces acuerdos con las repúblicas de Asia Central ricas en petróleo, Turkmenistán, Kazajstán y Uzbekistán, con salida al Mar Caspio. Washington y Londres decidieron construir el BTV con origen en Bakú, Azerbeiyán, porque los oleoductos existentes pasaban todos por territorio ruso.

Clinton decidió reforzar militarmente a Georgia. Bush, posteriormente, reforzó la alianza con Tbilisi, identificando a Saakashvili –un presidente que en su propio país habla en inglés en solemnidades públicas– como el más fiel aliado en la región, y firmando acuerdos militares con el país atravesado por el BTC. Se desconoce la cantidad de armamentos suministrado, pero los especialistas admiten que su valor excedió los 500 millones de dólares. Fueron esas armas las que el ejército de Saakashvili ha utilizado ahora en la agresión a la minúscula y paciífica Osetia del Sur.

No hay mentiras que puedan invertir la realidad. Georgia, armada por los EE.UU., inició una guerra criminal contra un pequeño pueblo, actuando como instrumento de grandes transnacionales petroleras.

Rusia, ya amenazada por la instalación de misiles de los EE UU en el área báltica, tiene conciencia de que la amenaza se perfila también en el Sur, y  reacciona defensivamente.

Rusia es hoy un país capitalista. Putin y Medvedev actuúan en defensa de intereses nacionales, incompatibles con los del imperialismo estadounidense.

Los choques que continúan en el Cáucaso, así como el discurso agresivo y demagógico bushiano, se insertan en una peligrosa estrategia que amenaza a la humanidad.

Responsables de dos guerras perdidas, en Iraq y Afganistán, los Estados Unidos, incapaces de encontrar soluciones para la crisis estructural del capital, se comportan como un Estado parasitario que consume ya mucho más de lo que produce (el déficit comercial  superará este año los 900 mil millones de dólares). La opción del saqueo del Tercer Mundo mediante  guerras criminales encamina  a la nación hacia un desenlace trágico.
 

Vila Nova de Gaia, 19 de Agosto de 2008.

 
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